Los desorbitados precios de la vivienda son, como ya han advertido los expertos, un peligro para la economía en su conjunto. Si se produce una caída brusca de la demanda se desplomaría con ella buena parte de la estructura económica española. Pero siendo este escenario preocupante en una economía que, como la nuestra, depende demasiado del ladrillo, sería aún más dramático una espiral de impagos porque parte de los que han suscrito un crédito hipotecario no puedan hacer frente a él.
Las cifras ya son para echarse la mano a la cabeza. Durante el año pasado las familias españolas dedicaron de promedio más de un tercio de su renta a satisfacer la hipoteca. Una hipoteca que, además, no para de crecer; ya por el aumento sostenido en los precios, ya por el repunte en los tipos de interés. No deja pues de ser chocante que el propio gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, haya quitado hierro a los tipos asegurando que las familias no preguntan tanto sobre los tipos de interés” porque, según él, “sólo afectan a un 30 o un 40 por ciento de las familias”. O MAFO no sabe lo que dice o lo sabe y sigue a pies juntillas la consigna gubernamental de hacer de avestruz en un asunto económico de primer orden, un problema que puede desencadenar una implacable crisis económica.
Vía | libertaddigital